June 2013
Me acuerdo cuando en el colegio aprendí la palabra “resiliencia”. Estaba en una clase de historia o el electivo de historia, y la profe, la Dinora, para explicarnos qué significaba nos dio como ejemplo el caso de una persona pobre que aun dentro de un contexto terrible logra superar las dificultades que se le presentan, y que la resiliencia implica excepcionalidad, siendo pocos los sujetos resilientes. No recuerdo qué más vimos, ni por qué nos quiso enseñar esa palabra, pero me quedó grabada porque para entenderla la asocié a mi papá.
Cuando volví a la casa ese día, creo que salimos, en esos tiempos mi papá trabajaba mucho y pasaba poco tiempo en la casa, cuando estaba intentábamos siempre hacer algo, ir a comer a algún lado o ir al cine, y en el auto le pregunté a mi papá si sabía lo que significaba resilencia. Obvio que sabía qué significaba pero me preguntó igual y le conté lo que había aprendido. No sé si le dije que estaba pensando en él, probablemente no lo hice, pero eso estaba haciendo, solo esperaba que lo hubiese entendido.
Yo sé que no soy todo lo que él quisiera que fuera, sabe que soy floja y cómoda y él mismo me dice que soy cuica pero es su culpa ¿por qué me crió como cuica si no quería que fuera cuica? en realidad quería darme lo mejor, y como muchos en su generación, darme lo que no tuvo, ahorrarme el esfuerzo. Bueno eso me hizo cómoda, pero no puedo culparlo. Ha hecho todo lo que ha podido, me consta, lo he visto sufrir. Lo vi sufrir por años después de que mi mamá murió. Qué terrible la responsabilidad de criar a tres pendejos de mierda y solo. Pendejos de mierda, cada uno con sus complejidades y formas distintas de mostrar el trauma de la semi-orfandad. Yo me porté como el pico en mi adolescencia, al principio intentó controlarme y decía cosas como “las señoritas no salen a esta hora” y aprendió a la fuerza que las señoritas podíamos salir a la hora que quisiéramos, porque nunca pudo castigarme en serio. Me decía “estás castigada” pero nunca decía en qué consistía el castigo, después de un tiempo se convirtió en un chiste y todavía me “castiga” a veces. Mi teoría es que él mismo no se creía las cosas que decía, tenía miedo de que me pasara algo no más, además mi hermano mayor no había sido como yo fui (de partida no era mujer), pero las libertades que me dio me entregaron una autonomía de la que me jacto. Autonomía en todo sentido, autonomía social, intelectual, aprendí a valorar mi cuerpo, a tomar decisiones a conciencia, y yo no tuve que ser resiliente, las aprendí con él.
Desde que tengo capacidad de habla que mi papá siempre ha demostrado interés en lo que tengo que decirle, en las cosas que aprendo, en lo que opino y lo que hago, nunca para controlarlas, sino que por real interés y curiosidad. Me gusta mucho hablar con él, a veces hablamos harto rato por teléfono y nos entretenemos y nos reímos porque además con la edad superé la barrera del pudor frente al padre, en parte porque él mismo ha hecho el esfuerzo de traspasar esos límites. Al principio me da vergüenza pero después pienso que es mejor así, mi papá me conoce y tenemos una relación como pocos padres tienen con sus hijos.
Esto está súper cursi, pero qué me importa. Hace años se me echó a perder el vergüenzómetro porque mi papá ha sido siempre muy ridículo, era terrible cuando mi papá se ponía a hablar como él creía que hablaban los jóvenes y se decía así mismo “papá cool” y hacía el show del papá cool frente a mis amigas. Hoy en día, que ya no vivo en Santiago, se ha dedicado a hacer el show de papá cool en las redes sociales, y me persigue para decirme cosas ridículas en facebook y twitter, instagram, incluso tumblr, pero ya no me da vergüenza, ahora se lo creo, y es que mi papá es muy cool.
En una sociedad donde los hombres todavía están aprendiendo a involucrarse emocionalmente con sus hijos, donde la figura paterna se asocia a la ausencia, o se asocia a la autoridad incuestionable e imposible de satisfacer, donde todavía hay algunos que se escapan de su deber de padre, incluso los niegan, tener un papá como el mío es un lujo. Como en muchas otras cosas, fui privilegiada y por eso estoy profundamente agradecida.
Ojalá que no lea esto porque se va a creer caleta,
pero se lo voy a mandar.